MAESTRO DE LA CALLE
-Perdone, señor. ¿Puedo sentarme con usted?
-Por supuesto. ¿Para qué sino hicieron tan largos los bancos? Para sentarse más de uno. Así, de paso, me das algo de conversación.
Milio se sentó.
-Mi nombre es Milio.
-Yo soy Lucas, encantado.
Ambos se dieron la mano.
-Dicen que pasear por la noche es peligroso. No lo veo así. Sólo es peligroso para quién se lo busca. ¿No crees?
-No creo que nadie se lo busque.
Lucas era un hombre ya bastante viejo, de cerca de los 60 años, pero que se conserva muy bien. Triunfador en la vida: tiene dinero, tiene salud, tiene bellas jovencitas en su mansión. De vez en cuando, le gustaba pasear por las calles para confundirse entre los de clase baja. No aparentaba tener el dinero que poseía. Tal vez porque su infancia la pasó mendigando por las calles marcándole de tal modo que nunca pudo ni quiso quitarse ese disfraz de mendigo que llevaba.
-¿Usted también sufre de insomnio?
-¿Por qué llegas a esa conclusión?
-Hombre, son cerca de las dos de la mañana y le veo aquí, sentado en un banco del parque mirando, aparentemente, al horizonte para alimentarse de sus propios recuerdos.
-Yerras joven amigo. Yo duermo perfectamente. Lo que me ocurre es más complejo.
-¿Más complejo?¿Cómo qué?
-Se llama desfelicidad.
-Querrá decir tristeza ¿No? ¿O tal vez es que usted se encuentra en un estado de depresión?
-No, no, no. Ni estoy triste ni deprimido, sólo ausente de felicidad.
-¿Y qué es sino la tristeza que la ausencia de la felicidad, la imposibilidad de reír o, mínimamente, sonreír?
-Caes en un error como es la confusión de los términos. Soy capaz de sonreír y, como no, de reír a carcajadas pero eso no significa que sea feliz. Y no hablo de la felicidad absoluta e imposible de alcanzar por excelencia sino a un significado de felicidad mucho más común como es el del contento corriente.
-No entiendo nada.
-Y menos vas a entender si sigues hablando conmigo de ese tema.
Lucas se encendió un cigarrillo y le ofreció a Milio, que rechazó su generosa oferta. Milio estaba un poco confuso tras hablar con Lucas.
-¿Y a ti?¿Qué te ocurre?
-Simple y sencillo insomnio
-¿Por qué? ¿Alguna razón en especial?
-Sí, por trabajo.
-¿Estás muy agobiado, Milio?
-Bueno, es que tengo que ocuparme de un asunto bastante complicadillo.
-¿Cómo? ¿Qué clase de asunto?
-Pues el problema no es el asunto sino que tengo que encargarme de ello ahora.
-¡Pues dime de qué se trata! A lo mejor te puedo ayudar.
-No creo que quiera ayudarme..
-¡Dime de que se trata y luego ya decidiré si quiero o no ayudarte!
Milio miró a sus ojos, esos ojos tan marrones y profundos. Recordó en él a su difunto padre, hecho que no supuso una dificultad sino todo lo contrario, era más bien un empujón metafórico a lo que estaba a punto de hacer.
-Vale, de acuerdo, se lo diré. Tengo que matar a Lucas Martínez López.
Milio sonrió maliciosamente. Lucas recordó que él se llama así.
-Pues tenías razón, no voy a ayudarte, no es una persona que desee matar.
Milio sacó una navaja. Lucas se defendió como pudo. Tal vez, su pasado mendigando en calles y peleando a muerte contra gitanos (y gentes de mala calaña) por míseros trozos de pan por su propia subsistencia le dio suficiente experiencia como para esquivar el navajazo de Milio y arrebatarle el arma. Acto seguido, Lucas usó el mismo para asestarle tres navajazos contundentes en el abdomen de Milio, provocándole heridas graves. Acto seguido, Milio cayó al suelo malherido pero no muerto.
-¡Eh, tú! ¡Hijo de puta!
-¿Ves? Dije que no era buena idea que se enfrentase él solo a Lucas.
Dos personas, Morín y Artemio, aparecieron tras unos arbustos, armados con pistolas, y persiguieron a Lucas. Obviamente, Lucas no se quedó a esperarlos para saber quienes eran.
-¡Hijo de puta! ¡Asesino!
-Mira, al final no va a servir de nada nuestra estrategia: no vamos a ahorrar en balas y encima nuestro jefe está malherido.
La persecución duró poco. Lucas estaba bastante cansado, demasiada emoción para una noche. Por muy duro que fuese estos son otros tiempos y ahora carece de la resistencia que poseía antaño. Pues bien, ahora le encañonaban dos tipos que le habían rodeado.
-¡Hijo de puta asqueroso! ¡Mueve un solo pelo y te volaré los sesos!
-¡Socorro!
Y Morín le voló los sesos.
-Ya está. Ha sido fácil.
-No lo suficiente.
Ambos se acercaron al banco donde se encontraba Milio desangrándose.
-¡Agh! ¡Ayudadme!
-Pobre jefe...
Morín le pegó tres tiros en la cabeza. Como era de prever, Milio murió en el acto.
-¡Bestia! Tenemos que ahorrar balas, eso ha sido un malgasto.
Ambos compañeros saquearon el cadáver de Lucas del que sacaron 60€ y una navaja (la que previamente había quitado a Milio). Después volvieron a su cueva, debían contactar con el Master.
-Ya hemos matado al último, Master.
-Lo sé. ¿Y Milio?
-No sobrevivió..
-No era una misión tan difícil como para morir, el señor Martínez es una persona ya bastante envejecida. ¿O es que Milio se interponía en vuestro camino?
-Lo mató Lucas, no nosotros.
-Veo, veo, veo. Así que vuestro líder ha muerto.. Según las reglas de este juego necesitais nombrar a un nuevo líder si queréis continuar.
-¿Un nuevo líder? ¿Para qué? Un liderazgo compartido y ya está, sin complicaciones.
-¿Qué? ¿Qué dices Artemio? Aquí de líder yo y tú de subordinado.
-¿Cómo? No, no, no, si vas con esas exijo también el puesto de líder. ¡Lo merezco! Fui yo quien encontró a Lucas con mis habilidades de búsqueda.
-¡Está bien! Esto sólo se puede solucionar de dos formas: o a piedra, papel, tijera o a...
-¿O qué?
-... o a muerte.
Ambos se lo pensaron durante un instante y dijeron al unísono:
-¡A piedra, papel, tijera! ¡Piedra, papel o tijera! ¡Una, dos y...!
-¡Mierda!
-¡Yujú! ¡He ganado! ¡Toma ya!
-Muy bien, entonces a partir de ahora será Artemio el que tome el mando del grupo.
-No, no lo será.
Casi instantáneamente, Morín sacó su pistola y disparó a Artemio haciéndole una herida leve en la pierna derecha. Acto seguido, Artemio, debido a su gran agilidad, pudo colocarse tras un pilar haciéndole fallar su segundo disparo. Tras el muro, Artemio sacó su pistola. Después, salió de su escondite y disparó a Morín pero falló el tiro. Morín aprovechó su salida imprudente, sonrió, y apretó el gatillo de su pistola, mas no le quedaban balas, se encontraba ahora desarmado. Su sonrisa se convirtió en un gesto de terror, como si hubiese visto el peor de los horrores, pero claro, es normal, Morín sentía que su vida se iba a acabar en ese mismo instante.
-¿Sa.. sabes qué? Creo que la idea del liderazgo compartido tampoco era tan mala ¿No crees?
-No, no lo era
-¿Ves? Si en el fondo sabía que eras una persona comprensiva.
Artemio acribilló a Morín hasta quedarse sin balas. De repente, empezó a oírse un sonido elevado y constante de sirenas. Era la policía. En poco tiempo habían rodeado a Artemio sin dejarle opción a la huída.
-¡Eh! ¡Esto no vale Master!
-¡Alto ahí! Tire la pistola y nadie saldrá herido.
-La próxima vez jugamos al parchís.
-Oye ¿Y yo? ¿Cuándo salgo?
-Milio, a ti te habían matado, no puedes salir aún.
-¡Basta! ¡Estáis destrozando el ambiente!
Los policías, confusos, acribillaron a Artemio. El fracaso de Milio, Artemio y Morín provocó la victoria de los malos, haciendo que todo el mundo conocido se fue al garete. Fin.
-¡Vaya mierda de partida! ¡Joder tío!
-Pa la próxima me pido yo de master.
-¡Y anda que el final! ¡No podía haber sido peor! Odio los finales cutres e inconclusos.
FIN