UNA DE YONKIS
Fueron seis. Seis bastos caballeros montados en cinco fuertes burros galopaban sin cesar por montañas y cordilleras, por mares y laderas. Su único objetivo: encontrar a Darkblo, un cabestro que ha hecho algo y merece la muerte. Un día, en su búsqueda, los caballeros avistaron un grupo de casas dejadas allí por mí, el narrador, porque me daba la gana.
-¡Ajá! Mis valientes alfeñiques, -dijo el caballero que aparentaba mayor rango- hemos encontrado un poblado. Iremos casa por casa preguntando por Darkblo.
-Pero Caudillo, ¿y si damos con su casa y con él y nos dice que él no es él?
-¿Estás cuestionando mis órdenes, ingrato?- dijo el Caudillo.
-No, sólo es de mi opinión que Darkblo podría engañarnos y mentirnos. No nos dirá que él es él.
Los demás miraron al osado en discutir las órdenes del Caudillo, y le aplaudieron. Sin ningún remordimiento, el Caudillo le rebanó el pescuezo.
-¡Vaya, ha perdido la cabeza!- rió el Caudillo, a lo que siguieron carcajadas de los demás caballeros.
Los caballeros que quedaban, más el caudillo, se dirigieron hacia la pequeña población, galopando en sus robustos burros por encima de un mar de cannabis.
Llegaron al poblado ya relatado con fuertes dolores de cabeza y los burros muy cansados. Nuestros nobles caballeros, valerosos caballeros de la República, fueron llamando a todas las casas una por una pero nadie decía ser Darkblo.
-Hemos vuelto a fracasar, caballeros, -dijo el Caudilllo- Aticus nos volverá a dejar sin postre.
Pero los caballeros alzaron la vista, no se rendirían aún, pues vieron cabaña que ellos no han visitado.
-Alcemos nuestros mandobles y crucemos nuestros dedos, allí debe de dormitar nuestro Grial.
Y cabalgaron hacia allí. Y los burros hicieron un esfuerzo tal que murieron a mitad del camino. ¡Pero no se rindieron! E hicieron un último acto, y el más peligroso de sus vidas, ya que sus vidas se hilarían con el hilo de su victoria o su derrota. Y si vencen, conseguirán la fama, ésta les traerá dinero y éste a su vez les traerá birra y mujeres (hombres en el caso del noble Sócrates).
Y allí les abrió la puerta Thork el cornudo, en cuya sangre corría tanto éxtasis como hemoglobina, y en sus pulmones habitaba tanto oxígeno como tetrahidrocannabinol. Barbudo y de ojos saltones, y más ciego que un topo, escasamente pudo oír: "¿Es usted Darkblo?" de boca de un ser verde y escamoso. Y tras soltar una carcajada sólo pudo decir un escueto: "¡Sí!".
¡Ajá! ¡Errastes en tu respuesta bribón! -dijo el Caudillo- ¡Démosle muerte!
Los cinco caballeros se avalanzaron contra Thork y le metieron tal cantidad de espadazos que lo mataron. Finalmente, el Caudillo le cortó la cabeza y la agarró por sus largas cabelleras.
-Al fin, este cruzada ha acabado.
Y salieron de la cabaña con la victoria en sus manos. Pero una carcajada les hizo volverse. La cabeza que habían cortado era de su compañero Julio y no de Thork. ¡PORQUE EL TÍO QUE IBAN A MATAR ERA THORK Y NO DARKBLO!
-¿Cómo? -dijo uno de los caballeros- Entonces, ¿Ése tampoco er Darkblo?
-Seguramente Thork es un pseudónimo que utiliza para que no lo reconozcan -dijo el Caudillo.- ejem... ejem.
-No, Thork es Thork -dijo el Narrador- Darkblo es otro.
-Narrador, ¿Qué hace usted aquí? -dijo un caballero- ¿Ahora quién narrará la narración?
-Tranquilos, -dijo el maravilloso y siempre elegante Narrador- he dejado el piloto automático conectado. Así acabaremos la historia, aunque de una forma algo patética.
El piloto automático frunció el ceño.
-Entonces, Narrador, no nos tengas en ascuas. ¿Dónde está Darkblo?
Y de repente, el piloto automático narró el Apocalipsis y congregó en esa zona de cultivos cannabinales a todos los representantes del mal, entre ellos a Satán, Urdaci y Bill Gates. Y sustituyó a los jinetes del Apocalipsis por otros aún más horrorosos: los Teletabis.
-¡Oh, no!¡Mirad, es el Papa! -dijo el Caudillo- Ya sabía yo que detrás de esa toga blanca había un ente maléfico.
-Y porque no ha podido venir Letizia Ortiz, que en estos momentos está muy ocupada -dijo el Narrador esclavista hijo puta de mierda.
Detrás de una maceta de maría, salió Darkblo, que exigió el puesto de 1ª dama en mi nuevo Imperio mundial del Malquetecagas. Pero que yo, que no me gusta compartir las cosas (fuí hijo único), lo maté con mi dedo mágico de metermelo por zonas oscuras y angostas (tengo una cabidad nasal mágica que me da poderes mágicas).
-Bueno, caballeros, ya hemos cumplido nuestro objetivo. Volvamos a casa -dijo el Caudillo.
Pero no podrán volver a casa porque yo, el piloto automático, me proclamo nuevo líder mundial. ¡Jajajá!
-Genial, ¿Ahora como reclamo yo? Esto me pasa por comprarlo sin factura...
CONTINUARÁ