viernes, 08 de abril de 2005

DOS DE YONKIS: II

II


El sol pegaba fuerte a esas horas en los terrenos de Pau. El excesivo calor mataba a toda planta que allí hubiese. Hacía tanto calor que hasta la propia arena se evaporaba. Y, por esas zonas desérticas y calurosas, dos jamelgos trotaban sin cesar. No iban solos. Encima de ellos se encontraban Tyrhael y Zoiberg. Acalorados, devenidos, mareados, incapaces de aguantar mucho más. Y los jinetes no iban mucho mejor. Aunque, por suerte, agua no les faltaba pero resultaba insuficiente para vencer la calor. Dos héroes marchitos en medio del desierto. ¡Qué metáfora más bonito sobre la vejez! Flores marchitándose en medio de un desierto. El camino prometía ser largo...

-Hermano, pasadme el botijo. He de tomar un buen trago. –dijo Tyrhael.

Zoiberg cogió el botijo, le dio un trago y se lo pasó a Tyrhael, el cual bebió apresuradamente.

-¡Oye, Tyr! –dijo Zoiberg- Me aburro mazo, tío. ¿Qué tal si jugamos a algo?
-Los generales de ejército no jugamos estando de servicio.
-¿Vas a permitir que el calor y el aburrimiento nos cebe antes de llegar a nuestro objetivo? Piénsalo, puede servirnos para distraernos y olvidar este jodido calor.

Tyrhael sonrió. Zoiberg captó claramente la negativa, no necesitaba más para saber que Tyrhael no cambiaría de opinión.

-Venga Zoiberg, -dijo Tyrhael- si deseas amenizar el viaje te dejo que recites alguno de tus numerosos chistes.
-¡Paso! No estoy inspirado, joder. El calor desértico ha evaporizado cada uno de los átomos que componen mi cereblo..
-cereblo.. –murmuró Tyrhael.
-.. me interesa más –prosiguió- que me cuentes algunas de tus hazañas y, más en concreto, cosas sobre la ésta que estamos llevando a cabo y más en concreto...
-... quieres saber por qué estoy llevando a cabo esta misión, por qué me enfrento a Pau y a su ejército –dijo Tyrhael, cabizbajo, y con la tristeza rondando su rostro.
-Sí, pero es que ni siquiera sé cuál es la misión Según parece comenzar la reconquista. ¿No?
-En principio así es pero no sé si yo participaré en tan magna obra. Pues, mi principal objetivo es la hazaña más honrosa en corazón pero la más deshonrosa para un general.
-Amor... grave enfermedad. –dijo Zoiberg.
-Vuelves a acertar, hermano.
-¡Joder, Tyrhael! ¿Pero cómo...? Bueno, es igual. ¡No, no es igual! ¿Cómo es que te has enamorado? Un hombre JAMÁS ama a una mujer. Carecemos de sentimientos. ¿Recuerdas? Lo único que hemos de sentir es no follarnos a todas las mujeres que podamos. Porque es mujer. ¿No? ¿O se trata de un hombre? ¿Animal? ¿Niño? ¿Cadáver? Tyrhael, olvídala, volvamos a casa, esto es mucho riesgo por un polvo. Recuerda: más vale mano funcional que desmembramiento por follar.
-Zoiberg, tus palabras carecen de significancia para mí. En estos momentos, nada me importa. Sólo ella. Todo lo demás me da igual. No me importa mi vida, no me importa tu vida, no me importa la vida de nadie excepto la de ella. Si te encontrases en peligro no acudiría a ayudarte.
-Vaya –dijo Zoiberg- es un consuelo.
-Entiéndelo, ella los es todo para mí. Tal vez...
-¡Ah! Pero.. ¿es ella?
-¡tal vez! Tal vez errase en traerte conmigo a esta arriesgada misión, puede que lo sea en demasía para ti. No sería honroso por parte de un caballero de mi élite el permitirte acompañarme en una misión cuyo resultado sólo me beneficia a mí.
-¡Y que lo digas! Es tu amante. ¿Y se te beneficia bien?
-Lárgate hermano, no soportaría verte morir en el campo de batalla. Es mi lucha.
-Respóndeme antes a la pregunta que te hago. ¿Qué coño vas a hacer?
-Voy a liberar a mi amada de las impías garras de Pau y de su padre, y traérmela a ella a lo que queda de Tarantantullo.
-¡Pero eso es prácticamente imposible!
-No para mí. –dijo 1Tyrhael- No para mí... Adiós hermano.

Y Tyrhael abandonó allí a Zoiberg que, lentamente, fue volviendo hacia la base, en la cual podría descansar un rato, hasta que la gente descubra que Tyrhael no les ayudará en esta guerra.

-Pero. ¿Qué coño estoy haciendo? –dijo Zoiberg- Joder, si quiero destruir el reino de Tarantantullo lo mejor es volver y decirles que, Tyrhael, la última esperanza para nosotros no nos va a ayudar. ¡Y me harán preguntas! ¡Seguro que me someten al tercer grado o algo así! ¡Y habrá tacto rectal! Joder, pensarán que fue culpa mía. No quiero sentir ese agobio –Zioberg paró al caballo- ¡Mierda! Ya no se le ve desde aquí. Por suerte, sé hacia donde se dirige. ¡Jía caballo! ¡Cagando a toda leche hacia Pueblo Cercano!
-Jia tu padre. –dijo el caballo- Vete a tomar por culo de una vez.
-¿Cómo? –dijo Zoiberg.

El caballo tiró al jinete de encima suyo. Acto seguido, empezó a fumarse un cigarrillo.

-Ya estoy harto, hijoputa. –dijo el caballo- me duele la espalda, las piernas y la cabeza. ¿Y los pulmones? Que no tengo yo pulmones para las caminatas que me dais. Joder, que ya es hora de que dejes de ser la carga y seas el cargador.
-Pero... pero... –dijo Zoiberg- ¿Desde cuando los caballos tienen pulmones? Bueno, es igual, iré yo solo a Pueblo Cercano.

Y Zoiberg, aun sin saber los muchos kilómetros que le quedaban para llegar a Pueblo Cercano, andó hacia allá a una velocidad no muy deprisa.

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