jueves, 14 de abril de 2005

Reborna, capítulo IV

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CAPÍTULO IV


-Se nos ha quedado un buen ayuntamiento. –dijo Tomás mientras acariciaba uno de los resistentes muros del Ayuntamiento, un edificio levantado con materiales escasos y andrajosos, pero ante todo resistente. Allí es donde habitarían y administrarían el los seis ministros del Ayuntamiento y Tomás, el Gobernante Mayor. El consejo de los seis ministros está formado por: Guillermo Hernández “Guijer”, principal opositor al Gobierno de Tomás y subgobernante en funciones Mayor de Reborna, encargado de sustituir al Gobernante Mayor en caso de ausencia o enfermedad y representante de los Pillones, los descendientes de familias adineradas cuyas herencias, en muchas ocasiones, sirven para el beneficio del pueblo con consentimiento de ellos, los sus dueños de las mismas; Constantino, cura el pueblo, encargado de los oficios religiosos y representante de los postcristianos; Exulto, encargado de Obras Públicas y de abastecer a los obreros tanto locales como foráneos; Cida, encargado de la vida económica del pueblo y del denominado “turismo”; Botino, secretario del Gobernante Mayor y principal encargado del comercio extrarural; y Rogelio Sánchez, principal representante del proletariado reborno y propuesto por Exulto como encargado del divertimento local. Todos ellos se unirán una vez por semana para debatir los problemas más importantes del poblado. Tomás estaba nervioso. Ese lunes de inauguración puebleril iban a reunirse por primera vez, y ya comenzarían con polémica.

-Botino. ¿Cree que al pueblo le habrá gustado mi discurso?

Botino, que allí se encontraba, levantó la cabeza del folletín que leía y miró a los ojos de Tomás, esos ojos tan azules y profundos, en los que se veía una gran experiencia. Botino se preocupó.

-No sé señor, en parte lo veo un buen discurso –Tomás sonrió- mas no debió ocultarles sus intenciones.
-Lo sé, lo sé... pero pienso que.. –Tomás vaciló, un leve instante, a veces le costaba encontrar la palabra adecuada y necesaria en sus frases- .. los reborneses no requieren tanta.. tanta información innecesaria. Si no saben que les falta circo, no lo pedirán. Sólo lo pedirán si les dices que les falta.
-Se muestra muy inseguro, señor.
-No soy el tipo de persona que es insegura, créeme.
-Lo dudo Tomás, la inseguridad es el mayor defecto que un político pueda tener, se muestra indefenso.

Tomás se sobresaltó. Casi, si hubiese tenido el ánimo suficiente, hubiera dado un salto hacia atrás. Él no es inseguro, no señor, él siempre ha tenido muy claro lo que hacía. Y menos aún un político. ¿Un político? ¡Jamás! Esa especie ya no existe, se extinguió. Y menos existirá en un proyecto de regeneración humana basado en la bondad y el bien humano tal y como es Reborna. Nunca.

-Y digo –prosiguió Botino- que suponiendo que Guijer y compañía no procurasen que la gente se enterase de la carencia de divertimentos, entonces, alguien, seguro, que tarde o temprano se daría cuenta y con él lo sabría el resto del pueblo.
-Lo sé, Botino, lo sé, y lo único que podemos hacer es que, por entonces, hayamos prosperado lo suficiente como para traer lujos a la población Y esperemos, esperemos... esperemos que esto sea así.

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