jueves, 21 de abril de 2005

Reborna, capítulo V

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CAPÍTULO V


Tomás Esperanzado volvía ese día corriendo y muy excitado a su hogar.

-¡Victoria! ¡Victoria!

De repente, de un chalé mugriento y pequeño salió una joven fémina muy atractiva. Su ondulado pelo rubio ondeó por la faz de ella. Victoria. El amor de Tomás. Observó a Tomás como venía hacia el hogar tan corriendo por suelo asfaltado, y tan contento por sonrisa amplia y leves atisbos de lágrimas de felicidad. A pesar del cuadro presentado, se temía lo peor. Al no saber como actuar, Victoria sólo hizo dos cosas: levantar el brazo tal que él y gritar: “¡Tomás! ¡Tomás!” al tiempo que emulaba una sonrisa forzada.

Tomás llegó a su hogar, besó a Victoria en la boca, con lengua y pausadamente. Acto seguido, mientras jadeaba sin cesar, le entregó un sobre a Victoria.

-¿Es lo que me temo?
-Se llama Reborna.
-Te lo han dado. ¿No?

Tomás asintió.

-Es.. –dijo Tomás, aún jadeando- Es el proyecto de mi vida...
-No puedes aceptarlo.
-Cariño, soy.. el único que puede hacerlo.

Victoria dejó de fingir y, sin desearlo, se le formó en la cara un aspecto de rabia y asco en distintas proporciones.

-No puedes aceptarlo... –Tomás la miró fijamente a los ojos- ¿Me oyes? ¡Este tipo de proyectos son utópicos! No sirve de nada intentarlo cuando aún las ciudades-estado son capaces de autoabastecerse. Aquí cunde la autarquía, y se crean diversos pueblos para explotarlos durante un tiempo, sabiendo que los habitantes de esos pueblos no aguantarán.
-Es pronto para decirlo...
-Tal vez, dentro de unos años, de forma espontánea, cuando las ciudades-estado puedan abastecer también a sus pueblos periféricos, entonces podrían crearse miles de pueblos y que llegue la prosperidad. Pero ahora, sólo quieren deshacerse del exceso de población que se está produciendo en estas ciudades-estado debido al defecto que hay de comida.
-No lo niego, cariño, y esa es la razón principal por la cual quiero aceptar el proyecto. No puedo dejarles solos. Aún sin mí, el proyecto seguiría y no le veo futuro bajo la administración de los Pillones que vendrían. –Tomás le acarició la cara a Victoria.- Sólo espero que, a pesar de tu negativa, me acompañes a Reborna.
- Ni hablar, jamás. No quiero ir a un proyecto claramente suicida. Lamentándolo mucho, tendrás que elegir entre Reborna y yo.

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