Pues como era de esperar (aunque un poco tarde), ya tocaba artículo sobre el llamado por el Mirror el "Rottweiler de Dios", el nuevo Papa Joseph Ratzinger, que no Ratzinguer de Santander ni Ratzinger Z
Si la voluntad aperturista de Juan Pablo II consiguió mediatizar la fe y, como dicen algunos, "llenar las calles pero vaciar las iglesias", en un intento de repopularizar el Catolicismo, que este Benito XVI que va a ser todo lo contrario se ve claramente (como diría aquel). Uno de los más grandes teólogos del mundo (o eso dicen los que saben), reaccionario, cerrado y sin contemplaciones; su actitud recuerda a una apisonadora que, en cuanto le dejes dar el primer paso, te destrozará la casa.
Y yo digo: ¡Tres Hurras por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana! ¡Tres Hurras por cerrar la único senda de modernización y popularización de su fe; por retroceder diez siglos en su trayectoria moral (recordemos que Ratzinger es, o era, el jefe del tribunal del Santo Oficio, llamado entre tú y yo Inquisición); por colocar como representante de la (supuesta) fe de miles de personas a un hijo del nazismo, ultra conservador, contrario a todo a lo que Juan Pablo II era ya, y más aún; por su pretensión de que sea la sociedad la que se adapte a la Iglesia y no al revés (que digo yo que, a estas alturas, ya va sobrando un poco), criticando todos los valores democráticos, igualitarios y con el más mínimo asomo de liberalismo (valores que, recordemos, provienen de su propia doctrina cristiana)!
Porque este es el problema del cristianismo: desde que pudrió desde dentro el ya agonizante Imperio Romano se ha convertido en el cáncer de Occidente. ¿Por qué? Sencillo. Una religión que te permite hacer cuanto te venga en gana, con escasas ataduras y obligaciones, y que lo único que te pide es que, interiormente, te arrepientas, es un chollo. El mensaje original del crisitanismo, el mensaje de Jesús, es un alegato casi anarquista, una diatriba en contra del sistema social de la época y que propugnaba unos valores (poco más o menos) de libertad, igualdad y fraternidad. Sí, ya sé que eso no sale en la Biblia, pero es lo que este hippy de hace 2000 años quiso hacernos llegar. O así lo veo yo, al menos.
Entonces, ¿por qué esa corrupción de su mensaje, por qué ese afán de inmovilismo y retroceso cultural propio de la sede papal? Pues otro día hablaremos de eso, que ya me estoy extendiendo mucho.
En resumen: la Iglesia, una vez más, me ha defraudado, por cerrar los ojos ante la realidad, por querer seguir anclada en el pasado, y por preocuparse más por darse cepillazos por dentro que por ser coherente con el tiempo en que vive. Sería aceptable si no tuviera la influencia que, por desgracia tiene, si fuera como una curiosidad arcaica que, en un museo, uno se para a contemplarla curioso un momento, tuerce el gesto, y no la conserva más que como un recuerdo.
Saludos!