“Piedras más pequeñas han comenzado guerras mayores.”
-Francisco Gorzas, acogorzado.
DOS DE YONKIS
I
La destrucción. La destrucción fue el pago para aquellos que no querían ser esclavos del mal, verdaderos héroes en la masacre: caballeros, soldados, putas de oficio y enanos de circo. Ninguno de ellos quería ser gobernado por un dictador cuya sangre no era real. Los demás, temiendo por su propia vida y su ano, se rindieron a él, el Piloto automático, ahora conocido como Pau. Tarantantullo se dividió en dos inmensos territorios: la parte conquistada por Pau y la que está por conquistar. No contento con esto, Pau ordenó a sus guardias el control exhaustivo entre ambas fronteras, evitando así la entrada de enemigos y la salida de los mismos. Pero este control no hizo sino que separar a amigos, amantes, deudores y endeudados; cometiendo de esta forma el mayor error que se pudiera realizar.
-¡Alto! ¿Quién va? –dijo un guarda fronterizo.
-¡Dejadnos pasar! Somos un general y su vasallo que vienen de tierras enemigas tras cumplir, con todo mérito de victoria, una arriesgada misión. –dijo un recio y noble general de batalla de nombre Tyrhael y de hazañas miles.
-No tengo conocimiento alguno de ninguna misión, y menos arriesgada. A la gente no le suele gustar el riesgo. – dijo el guarda- Explicadme, noble y recio caballero que portáis armaduras idénticas a las del enemigo. ¿En qué consistió vuestra misión?
-¡Necio! –dijo Tyrhael- ¿Tal es vuestra ignorancia que no sabéis que los detalles de las hazañas ha de darlos el escudero y no el héroe? –los guardas se encogieron de hombros; acto seguido, maldijeron al Gobierno, a la pésima educación recibida y a sus padres por enseñarles tan mal y hacerles pasar este humillante trago- ¡Vasallo! Cuéntales los detalles de nuestra hazaña.
El vasallo, que respondía al nombre de Zoiberg, era un tipo bajito, encorvado y de ojos saltones. Para más INRI, era el hermano menor de Tyrhael, del cual vivió siempre a su sombra. Actualmente, se encuentra dentro del ejército a las órdenes de Tyrhael debido a que la guerra se lo obligó. Pero él nunca quiso ser soldado, no. Lo de ofrecer su vida a cambio de la libertad nunca fue algo que le interesase. Él siempre soñó con ser humorista de la Paramount.
-¡Vasallo! ¡Te estoy hablando! ¿Has escuchado lo que he dicho?
-¿Eh? ¡Ah! ¡Sí, sí... señor! –dijo Zoiberg- Señores guardias, fue una.. dura batalla. Y el enemigo, era lo que normalmente se les llama Pusipinks o, lo que es lo mismo, conejitos rosas.
-¿Conejitos rosas? –dijo un guarda.
-¿¡CONEJITOS ROSAS?! -gritó Tyrhael, sorprendido a la par que acongojado.- Sí, eran.. conejitos rosas. Como los del Duracel.
-¿Eran muchos?
-A puñaos, vamos, una infinitez. –dijo Zoiberg.
-Infinitez... –murmuró Tyrhael.
-¿Y eran peligrosos?
-Joder si lo eran.-dijo Zoiberg- Se te lanzaban a donde primero pillaban, te mordían y luego te chupaban la sangre.
-Vamos, os habéis enfrentado a conejos vampíricos.
-Sí, de esos también habían.
-A ver que yo me aclare. Entonces, ¿Por qué no os llevasteis cruces de madera ni nada parecido?
-Porque... –dijo Zoiberg- ¡Fíjate tú! Tuvimos la mala suerte de que los conejos vampirizantes eran ateos, nada de eso les afecta.
-Entiendo...
-Y hay más, durante la batalla apareció...
-¡VASALLO! –interrumpió Tyrhael- Dejad de contar mis hazañas, mis valerosas hazañas, a los guardas. Vas a adormecerlos de aburrimiento.
Tyrhael acomodó su porte y se erigió ante los guardas. Irradiaba soberbia a doquier. Tyrhael azuzó su caballo dispuesto a cruzar la frontera. Pero los guardas, unas veces astutos otras sagaces, impidieron el paso a Tyrhael, conocido héroe de hazañas miles, que se encontraba en el comienzo de su gesta más feroz y heroica de tantas ha hecho. Su propósito, su objetivo, era, en esta ocasión, el de mayor y vital importancia para su ser de tantos ya tenidos.
-Bueno. ¿Qué? –dijo Zoiberg- ¿No nos vais a dejar pasar?
-¿Qué supuso usía que le hizo llegar a la conclusión de nuestra total permisidad a penetrar dentro de las tierras de Pau? –dijo el guarda- Primero hemos de comprobar si es cierto lo de vuestra misión.
-¡Genial! –dijo Zoiberg- ¡Cómo aún no se han inventado los teléfonos móviles deberéis ir a informarlos a pata!
-No será tan sencillo. Dejaremos aquí algo que os impedirá el paso. ¡Jajajajaja!
Zoiberg tragó con dificultad. De repente, el guarda de mayor grado sacó un poste de madera en el que se podía ver un círculo rojo con una raya blanca horizontal en su centro. Se trataba de una señal de prohibido el paso.
-¡Jajajaja! ¡Ahora ya no podéis pasar! Muy pronto sabremos la verdad sobre esa misión y témome...
-¡Ay! –resopló Zoiberg.
-...que no nos habéis dicho cosa cierta. –los guardas se subieron a sus respectivos caballos y comenzaron a galopar hacia el Pueblo Cercano. ¡Adiós soldados!
Ambos guardas desaparecieron por el horizonte.
-¡Oh, no, Tyrhael! ¡Estamos perdidos!
Zoiberg comenzó a desesperarse. Pero Tyrhael se envalentonó, cogió aire y fuerzas y, sobre todo, pensó en aquello que más deseaba, el incentivo que le hacía seguir vivo, bueno, sí, más o menos.
-Selaina...
Envainó su espada y, de un único tajo, tiró la señal de prohibido el paso. Ya nada les impide entrar en las tierras de Pau.
-¡Bien! –dijo Zoiberg- Eres mi héroe Tyrhael. Recuérdame que cuando acabe la guerra te invite a un cubata.
-... ya voy a por ti, te sacaré de este infierno. –murmuró Tyrhael.
-¿Qué has dicho Tyr?
-¿Yo? Nada, nada, que... un cubata sólo parece poco.
-Está bien. –dijo Zoiberg. Te invito a un cubata y a un porro, así lo tendrás acompañado.
-Está bien...
Ambos subieron a sus respectivos caballos. Tyrhael bajó la mirada. Recordó aquello que se propuso olvidar, aquello que abandonó y que esperaba no tener que repetir. Pero el Tyrhael guerrero y asesino había vuelto, acababa de cometer un acto vandálico como antaño. Y, aunque no soportaba tener que volver a blandir su espada, en el fondo disfrutó de ese hastiado golpe a Pau por entrar en sus tierras; aunque se encontraba impotente por no haber encontrado una solución alternativa, esbozaba una sonrisa ante su rápida actuación en circunstancias extremas.
-¡Joder Tyr! ¿Qué coño te pasa? ¿Estás bien?
-No, quiero decir, sí. Bueno, ya te explicaré. Por ahora mejor prosigamos.
Y Tyrhael y Zoiberg comenzaron a trotar hacia Pueblo Cercano...
CONTINUARÁ...