Crítica gastronómica a La casa de la tía roja
Domingo 1 de mayo. Por motivos extraordinarios este primer domingo de mayo me he dirigido a degustar los platos de un restaurante nuevo y atípico a mi paladar:
La casa de la Tía Roja. El nombre, en principio, no hacía presagiar nada. Un nombre malo para un restaurante, eso sí, pero que no avisaba de lo que se encontraba dentro. Hallado en el Esparragal, en un rincón perdido, entré a este local...
¡Qué decir tiene que el estupendo servicio del local (nos hacía parecer ricos o personas importantes) nos provisionó en un principio con unas cartas de menús que me hizo descubrir ante lo que nos encontrabamos! Se trata éste de un restaurante de cocina creativa (que no experimental). La principal diferencia entre el arte culinario creativo y experimental es que el creativo es comible, aunque en la teoría dota del creativo unas pequeñas (y creativas, obviamente) transformaciones de la cocina típica mientras que el experimental sale de cosas totalmente novedosas (así podemos ver en un restaurante de cocina experimental el "Escolifú" que se trataría de unas albóndigas de espárragos fritos con sangre coagulada de ternero, aliñados con clara de huevo y caracoles rebozados).
A esto me asusté, algo obvio en mí pues mi paladar no es beneplácito ante tales platos, no soporta lo original y prefiere lo típico y la rutina. Y así quedé yo, bajo un halo de música de Los Sims, leyendo un menú en donde poca cosa me hacía gracia pedirla. Al final me decanté por una
pierna lechal deshuesada con ajos y laurel como único plato que comí en el local (aunque piqué de entremeses varios que pidieron los demás de títulos también obscenos) y que no me defraudó: fue la mejor pierna que había probado en mi vida. A excepción de que le sobraba esos pedacitos de almendras (a los que odio acompañar con platos serios), el resto fue un puro orgasmo en el paladar, únicamente superado por solomillos crudos y tortillas de patata (mis platos favoritos).
Al final, a pesar del temor a la cocina creativa, creo que he salido con un buen sabor de boca, y supongo que la próxima vez me arriesgaré más a platos más atrevidos. Casi todos mis tenedores para el restaurante, únicamente superado por locales tales
Salzillo o
Los Cazadores.
¡Ay! Me ha vuelto a entrar hambre...
Lo mejor: El servicio, te hacían sentir especial. ¡Y encima preguntaban como estaba la comida!
Lo peor: Que no me lleve bien con lo atípico...