He estado desaparecido últimamente, fundamentalmente por culpa de Selectividad (que por cierto, me kago en el que haya puesto el examen de Física, aquello no había dios que lo hiciera), pero no penséis que os habíais librado de mí: aquí estoy de nuevo, con una suculenta crónica del festival lorquino. Son sólo letras, pero tranquilos, que pronto pondré algunas fotos:
Tras mil imprevistos de última hora, al fin, nerviosos y acalorados, entramos al recinto. A la izquierda, el gran escenario con Legen Beltza tocando sus primeras canciones. A la derecha, el mercadillo y los puestos de bebida y comida. Sensación general:calor, mucho calor (¿qué te puedes esperar de la ciudad que se hace llamar del Sol?), aumentada si cabe por la visión de miles de personas, casi todas de negro.
Rápidamente nos lanzamos a la zona arbolada, comprobando con desilusión que todas las sombras están ocupadas por aquellos que han sido más rápidos que nosotros. Aún así, conseguimos un hueco y nos sentamos a descansar un poco. Alguien dice: "¡Es de verdad! ¡Estamos dentro!!" Asiento con la cabeza y al momento nos vamos al mogollón, a ver cómo suenan los Beltza estos.
Y suenan muy bien. Quizá la voz del cantante no es gran cosa, pero instrumentalmente son bastante buenos. Mucha fuerza y mucha energía que consiguen transmitirnos ganas de empezar a montar algún bolo, cosa que hacemos. Sus temas propios y un par de versiones más conocidas (Sobre todo la omnipresente Ace Of Spades) nos dejan un muy buen sabor de boca.
Media hora después, más o menos, empiezan los Dragonforce. Apenas he oído nada suyo, y la verdad es que en este momento lo lamento. Buen power metal, fresco, rápido y útil para olvidarse del calor y lanzarse a todo el mogollón. Una horita de concierto, y p´afuera, que vienen Angra.
Pero Angra no vienen. Problemas de sonido y de suministro de corriente retrasan el inicio de su actuación y por desgracia, acortan su duración. Apenas cuatro canciones muy bien tocadas, que nos dejan a todos con ganas de más. La frustración es evidente en el gesto del cantante, que, dirigiéndose al público en español, simplemente dice algo así como: "nos tenemos que ir, por aquí dicen Angra no". Pero yo no me sumos a los gritos y abucheos pidiendo más, aparte de porque no sirven para nada, porque tras Angra llega mi grupo: Lacuna Coil.
Y al que no le gusten, que no los escuche, pero a mí me vuelven loco. Magistral, la potente voz de Cristina no falló en ninguna canción, perfectamente compenetrada con la de su compañero. Si bien el set-list incluía muchas canciones de Comalies, no podían faltar las clásicas To Live Is To Hide, Half Life o la preciosa Senzafine. A mitad de concierto, un amigo me grita: "¡mira al guitarrista pelirrojo!". Lo hago, y empiezo a reírme al ver su cara de agonía. Joder, parecía querer morir en ese mismo momento, yo comprendo que hacía calor, pero tanto... Y hablando del guitarrista, una de las cosas en las que sí estoy de acuerdo con algunos es en que a Lacuna le sobra un guitarra y le falta un teclista, pues abusaron mucho de los samplers. Aún así, gran concierto. Ha sido uno de mis sueños siempre, y ahora podré morir tranquilo al haber sido transportado, en vivo y en directo, a los oscuros mundos de espirales vacías que le hacen a uno sentirse en otra dimensión.
Tras la actuación de los italianos, la organización abre las puertas antes del primero de los conciertos estrella. Corriendo hacia un eroski cercano para comer algo, y corriendo de vuelta al oír desde la carretera los primeros compases de As I Am. Dream theater, el teatro de sueños y el sueño de teatros, ha empezado a tocar. Y por mí que no acaben. Alrededor de hora y media de concierto pulida con unas pocas canciones (ya conocemos su afición a los temas de a cuarto de hora), magistralmente acabadas y con precisión de metrónomo. Coordinación brutal entre los miembros y una calidad musical que me desaniman cada vez que cojo mi guitarra. Destaca la labor de Jordan, cuyas teclas son medio grupo, y su curioso teclado giratorio. Personalmente, me hubiera gustado que tocaran Stream Of Conciousness, pero la emotiva interpretación de The Spirit Carries On me bastó para babear como Homer Simpson. Pero no os engañaré; sí hubo algo malo en el concierto: su escasa duración y el sol cojonero que daba de frente y no te dejaba ver un carajo. Por suerte, pude pillar una sombra de refilón y continué flotando en un mar de virtuosismo hasta el final de la actuación. No sé si habrán hecho alguna vez un concierto malo, pero debo dar mi más ferviente enhorabuena a los neoyorquinos.
Y al fin llegaban los Maiden. La expectación no podía ser menor, y crecía conforme los operarios iban montando el set: un escenario en dos alturas, con variedad de telones y artificios, todos referidos a los cuatro primeros discos, pues en esta gira Eddie rips up esos álbumes (Iron Maiden, Killers, Number Of The Beast y Piece Of Mind), así que nos tendremos que conformar sin el Fear of the Dark. Pero tranquilos, merece la pena. Una explosión de fuegos artificiales abre el concierto mientras los seis dioses del metal destripan los acordes de Murders In The Rue Morgue. Me hubiera gustado ver a todos esos que decían "Iron Maiden, pero si esos son de mi época, darán el concierto en silla de ruedas ¿no?, jajajaja," ahí abajo, contemplando a los miembros del grupo corriendo, saltando de un lado para otro y sin parar; los guitarristas lanzando sus hachas hacia arriba o pasándoselas por encima de los hombros; Bruce ondeando la Union Jack en The Trooper, mientras anima al público a gritar, todo esto sin parar de correr y saltar, y sin desafinar un agudo. Que son los Maiden por algo, coño. Aparte del tradicional Eddie que se pasea por el escenario, pudimos ver un busto gigante del zombie por detrás de los telones, y un demonio muy retro para ambientar el Number. Bueno, el demonio, las llamas y las lucecitas que se encendían en un "666". Brutal. No les faltó de nada; la comunicación con el público fue muy bien en todo momento, aunque no muchos entendimos la buena nueva: el año que viene hay nuevo disco de la Dama, que por supuesto será presentado en España. ¿Pararán alguna vez? Espero que no.
Satisfechos, salimos a dar una vuelta por la zona, tan sólo un poco menos saturada que las líneas telefónicas. Moneando por ahí, nos perdimos casi todo el concierto de los Stryper, a los que tenía curiosidad por ver. De su actuación recuerdo especialmente su despedida: "Good night, and God bless", que me sorprendió bastante (de modo que no sólo son cristianos, sino que además son doctrinarios. Curioso...).
Tras andar un poco por allí (no había mucho ambiente, para qué nos vamos a engañar) escuchando heavy enlatado, enfilamos la puerta y nos vamos pal sobre, exhaustos y sudorosos, pero satisfechos. Espero volver el año que viene y encontrarme con unos grupos al menos tan buenos como este. Up to the Lorca!!!!!!
Saludos!