Historia del año del catapún escrita en conjunto por Paco Gorzas y Caín Somé. No muy buena y repudiada en un principio tiene alguno de los mejores golpes de mis primeras historias. Vedla aquí.
HEREJE POR UN DÍA
Era una calurosa noche de primavera cuando Francisco Alfonso de la Rivera, más conocido como Paco, decidió salir con una hermosa mujer, una hermosa mujer a la que él conocía muy bien, ya que se encontraba con ella todas las madrugadas en una esquina cercana a su casa. Al ver que ella se encontraba sola todas las noches se le ocurrió invitarla a salir, lo cual no fue muy difícil. Ella no era una mujer corriente, respondía al nombre de Penélope, pero lo que realmente sorprendió a Paco fue el que no le rechazase, las últimas cinco chicas a las que les entró pasaron de él. Pero esa noche era diferente, Paco se encontraba mejor que nunca, e incluso llegó a pensar que esa noche por fin mojaría, y acabaría con ese record de virginidad que ya duraba la friolera de 34 años.
Durante su paseo estuvieron buscando pubs donde tomar unas copas y charlar un rato, y acabaron yendo a la cafetería Sukmi, que se encuentra en la calle General Serrano, muy cerca de la estación de tren. En medio de esa misma calle encontraron a un marroquí con una manta vendiendo cedes piratas y una colección de artículos ilegales, tales como móviles, marihuana traída de contrabando de Holanda e incluso, algunas radios de la feria. Había algo que no cuadraba en esa situación, no era la hora mas indicada para ver un top manta por la calle, ni tampoco el mejor sitio, sin embargo, a Paco se le ocurrió comprarle algo al marroquí para regalárselo a su acompañante y tenerla contenta...
-¡Chst! Morito, –dijo Paco- oye, ¿Cuánto vale el costo ese de calidad?
- Está muy barato –dijo el marroquí mirando con mala cara a Paco- a 20 euros la caja.
-¡Umh! No sé si llevaré tanto dinero encima. –dijo Paco, mientras miraba su cartera totalmente vacía, excepto por la existencia de un bicho muy parecido a una araña, un preservativo roto y un carnet de la fundación Francisco Franco, además de algunas monedas que juntas llegan a valer 3 euros- Creo que me sale algo caro, ¿Qué me das por 3 euros?
- Tengo esta estupenda radio por sólo tres euros - dijo el marroquí al tiempo que sobrescribía el precio poniendo tres donde antes ponía uno-
Paco compró la radio con total normalidad y luego se dirigió a su acompañante.
-Toma chati, esto es para ti. Es un regalo. ¿Qué? No te esperabas este detallazo ehh…
- Yo no quiero esta mierda de radio. – dijo Penélope tras mirar con cara de desprecio a Paco- prefiero el disco ese del Bisbal.
- ¡Ja, ja! – rió Paco- ¡Que ilusa! ¿Y para que quiere una mujer de tu clase el cd de Bisbal? No sueñes despierta, mujer, no tienes dinero suficiente para permitirte un cd. Mira, ya tienes una radio. Una bonita radio de 3 euros, que en pesetas son quinientas. Quinientas pesetas. Es un regalo que vale más que tu.
- ¿Qué coño insinúas? – respondió Penélope
- Pues que eres una puta – dijo Paco- Vosotras no sois personas, solo se la chupáis a los tíos por dinero. Así que alégrate por el regalo, que es más de lo que puedas conseguir en toda tu vida trabajando, y andando pa la cama que necesito una buena lavativa.
- Eres un puto facha de mierda. No quiero tu sucio dinero. – dijo Penélope mientras le devolvía los 15 euros que le había dado- Y metete la radio por el culo, a ver si te da gusto.
- Espera no te vayas, lo siento… – dijo Paco mientras que Penélope se largaba-. Pero Penélope ya se había marchado indignada…
Paco se volvió y vio como el marroquí le miraba.
-¿Y tu que miras, morito? – dijo Paco mientras se volvía por donde había vuelto…
Paco se guardó la radio, y miró su reloj, era la una y media de la mañana. Se sentó en el banco de un parque cercano y conectó la radio buscando algo de música que le animase un poco. Sin embargo, la radio no funcionaba. Vaya nochecita que llevaba Paco, una puta le había rechazado su dinero, y un moro le había estafado… Pero la cosa no iba a quedar así, Paco le iba a cantar las cuarenta a ese sucio moro, que se habrá creído, venir a su país a robarle a los españoles… Paco giró la esquina y llegó a donde estaba el puesto del marroquí, mas allí no había nadie… El marroquí se había ido… Paco, agotado por la noche, tiró la radio en una papelera y decidió que era hora de volver a su casa.
Ya en camino, Paco se fijó en un anciano que estaba partiéndose de risa en una calle de ahí cerca., y vio como de esa calle apareció una anciana también con ropa provocativa. Los dos ancianos comenzaron a besarse y empezaron a quitarse la ropa. Paco no podía creer lo que estaba viendo. Paco, tan sutil como siempre, grito a viva voz –Iros a un hotel, degenerados, no os da vergüenza a vuestra edad!!.
Los dos ancianos miraron con mala cara a Paco y comenzaron a hacer el amor. Paco no soportó ver esa escena ý se marchó, sin embargo no se podía quitar la imagen de los dos viejos de la mente, cuando de repente se vio delante de la puerta de un bar, y aunque le resultó extrañó no haber visto nunca ese bar, decidió entrar. Un traguito le haría olvidar la vomitiva escena presenciada hacia pocos instantes.
Al entrar al bar Paco se dirigió a la barra a pedir. Allí se encontraba una joven mujer, rubia, bastante tetona, y con aspecto de mujer de bien, lo último que esperaba encontrarse en un bareto de ese calibre. Paco se acercó a ella, le invitó a una copa y comenzó a charlar con ella amablemente. Lo cierto es que Paco cuando se esforzaba por agradar valía, o al menos eso creía él. Sin embargo a los diez minutos, la mujer se levantó de su silla, miró a Paco fijamente y le dijo que era un imbécil, que ella no tenía todo el día para escucharle, y que si lo que quería era hablar y no follar que llamase a su madre. Y tras decir esto se largó del local. Paco, obviamente, se quedó con un palmo de narices, no podía creer nada de lo que había visto hasta ahora. Era la segunda tía que le dejaba tirado esa noche. Era absurdo. Paco decidió entonces emborracharse, a ver si así olvidaba todo lo ocurrido.
-Jefe, pórgame un trago de lo más fuerte que tenga en el local, hoy ha sido un día muy duro y necesito olvidar.
Todos los que allí había se empezaron a reír a la vez que se mofaban de Paco. Este, indignado y sorprendido, se marchó del local algo aturdido, no entendía que había pasado ahí dentro. Lo cierto es que cada vez se encontraba peor, Paco quería llegar a su casa y acostarse, pero tenía la extraña sensación de que no sabía llegar a su casa, estaba desorientado… Le parecía absurdo sentirse así, así que Paco decide sentarse de nuevo en un banco a la espera de que se recupere. Sin embargo, lo último que recordó de esa noche tras sentarse en el citado banco, es ver a unos adolescentes de unos quince años cascársela mientras le miraban fijamente… pero el cansancio era tal que le fue imposible hacer nada y quedó profundamente dormido…
A la mañana siguiente, Paco se despertó en el mismo banco en el que la noche anterior se había quedado dormido. No recordaba muy bien que había ocurrido ni como había llegado hasta allí, solo recordaba el percance con la prostituta y algo relacionado con una radio que le compró a un marroquí, pero poco más… Tras un largo paseo, Paco llegó a su casa dispuesto a ducharse y volverse a acostar cuando de repente llaman al teléfono. Era la policía.
-Buenos días, le llamamos de la policía, ¿está el señor Francisco Alfonso de la Rivera?
-Sí, soy yo, ¿En qué puedo ayudarle?
-A ver señor, usted ha sido denunciado por deshonrar a la señorita Encarnación Rodríguez Pintado, más conocida como Penélope.
-¡Coño, la puta!
-Un comentario más como ese y le aseguro que en menos de una hora usted está aquí arrestado. Mire usted señor. Queremos que se presente en la comisaría más próxima para tomarle declaración, y dale gracias a Penélope que nos ha pedido que no nos ensañemos con usted.
Paco, tras colgar el teléfono, queda anonadado, no podía creer lo que le acababa de pasar, había sido denunciado por una puta barata.
Exhausto por como había empezado el día, salio a la calle a comprar el diario. El ascensor estaba estropeado, así que, bajando las escaleras vio como las puertas de todos sus vecinos estaban abiertas, de este modo, cuando llego al segundo, pudo ver como su vecina, el cañón rubio ese que le alimenta sus fantasías pajeras, se paseaba por su casa en ropa interior. Él, al ver que le había sido visto, quitó rápidamente la mirada y siguió hacía abajo sin mirar, sin embargo de repente escuchó una voz que le llamaba, era su vecina. Ahora si que quedó aturdido, pensó que quería recriminarle por haberla visto, sin embargo, solo pretendía decirle que si volvía temprano le recogiese el pan, que no tenía ganas de bajar. Paco no terminaba de creerse lo que le acababa de ocurrir, había estado hablando cara a cara con su vecina del segundo en paños menores. La misma vecina que le había mirado con cara de asco hasta el día de hoy, y que nunca se había dirigido a él. Pensó que quizás es que ella estuviera enamorada de él, pero que nunca se había visto con el valor de hablarle.
El caso es que llevaba una mañana un tanto absurda, y eso que acababa de empezar el día.
Nada más salir de su edificio se dirigió a la panadería Loles, en la calle Sargento Arensivia, justo delante del museo de la ciudad. Durante la caminata vio a dos hombres bien parecidos en la puerta de un bar en la esquina que da a la calle de la anteriormente dicha panadería. Los dos hombres, sin venir a cuento, empezaron a pelearse brutalmente. Lo que más le sorprendió a Paco es que la gente no se inmutaba. En un momento dado, los dos, totalmente ensangrentados, se separaron. En ese momento Paco pensó que ya había acabado la pelea y podría pasar por ahí. Sin embargo, de lo que no se percató Paco, fue de que los dos hombres empuñaban un cuchillo que habían sacado de sus bolsillos. De repente, uno de los tíos, sacó de sus pantalones una pistola y le pegó un tiro al otro tío. Paco, totalmente traspuesto, gritó:
-¡Joder, ha matado, a un tío lo ha matado!
La gente de alrededor ni se inmutaba, algunos incluso se acercaban al tío, le abrazaban y le decían: “Gracias, no aguantaba a ese mamón y nunca tuve los huevos para pegarle un tiro.” Otros solamente pasaban de él. Paco, se acercó temerosamente al de la pistola y le gritó en la cara:
-¡Has matado a un tío, lo has matado!
-Oye, eso a ti no te importa, yo hago lo que me da la gana.
-Pero le has pegado un tiro, en la cabeza. –volvió a gritar Paco indignado-
El sujeto de la pistola señaló con esta a Paco y le dijo:
-Circula, no me obligues a llamar a la policía o a disparar.
-Vale, vale, me voy, paso de camorristas como tú. ¡Que os veo venir!
Y de este modo Paco se fue con el rabo entre las piernas la panadería relatando. Al entrar en la panadería, compró el pan tranquilamente, aunque a la gente le sorprendió que le diese dinero. Paco se dio cuenta de que la gente le miraba de forma rara, no entendía que estaba pasando. Pero lo cierto era que después de todo lo que había ocurrido, eso era lo menos extraño, así que no le dio más vueltas al asunto y se fue pitando a su casa a intentar seducir a la vecina del segundo…
Paco llegó a casa de su vecina, ella le abrió y entraron en la casa.
-Aquí tienes el pan- dijo Paco.
-Gracias, pero sabrás que no te he hecho entrar para que me dieses el pan, sino por otra cosa –dijo la vecina, aún con poca ropa.
-Si, ya me temía algo.
La vecina se movía de forma insinuante cerca de Paco, él pensaba que ella estaba muy excitada. No se pudo contener y se empalmó delante de ella, pero le dio igual porque sabía que iba a mojar ese día.
-Verás, sé que tú eres virgen, pero creo que va a ser por poco tiempo.
-¿En serio?
-Si verás, te quiero presentar a mi prima -¡Serafina, ven, te lo voy a presentar!
Paco se emocionó, iba a follar pero no con una sino con dos mujeres a la vez. En ese momento en el que Paco rebosaba felicidad apareció Serafina en el apartamento. Era una joven de 25 años rubia, con grandes curvas y de labios sonrosados. Aunque no era lo que se esperaba Paco, ya que pesaba unos 120 kilos, muy fea y con celulitis por todos los lados. Paco, asqueado, solo supo decir:
-¡Pero que es ese bicho!
-Es mi prima Serafina, también es virgen y pensé que sois tal para cual. Anda, que te va a gustar. Es muy simpática y maja.
-Anda, echa a ese monstruo de aquí. No puedo ni verlo.
Serafina se fue del edificio llorando, se sentía muy avergonzada por las opiniones de Paco.
-Bueno, podríais haber congeniado, pero otra vez será.
Paco se fue del apartamento de su vecina y se fue a su casa. No era su día…
Cuando subió a su casa, se encontró en el teléfono con un mensaje de la policía recordándoles que debía presentarse para tomar declaración. ¡Lo había olvidado! Tras escuchar el mensaje se apresuró a la comisaría más próxima. En el camino, observa a un pobre chaval tirado en la calle, con mal aspecto y con un perro. Paco, se compadeció del pobre chaval y se acercó al niño.
-Joder, como estará el para que un pobre niño de España se vea obligado a dormir en la calle mientras le dan pisos a los inmigrantes por su cara bonita. Toma hijo, aquí tienes algo para que comas – dijo Paco dándole un billete de 5 euros (esa mañana estaba generoso).
El niño, asqueado por la aptitud de Paco, se levantó y empezó a vituperarle.
-Facha cabrón, toma tu puto dinero, yo no necesito eso para nada. Hijo de puta
Paco se quedó de piedra, y de repente miró a su alrededor, todos eran negros, moros, chinos, eslavos… ¿Dónde estaba metido? ¿Qué estaba pasando? . Paco, desesperado, salió corriendo al tiempo que todo el mundo se reía de él y le señalaba. Paco miraba hacia todos lados, no había manera de escapar de las miradas, le perseguían…
Paco gira a esquina y allí se encontró con la comisaría. Paco fue a cruzar la calle, cuando un coche que estuvo a punto de atropellarle se paró y comenzó a insultarle, algo que Paco no podía creer, ya que el había pasado cuando el peatón estaba en verde. Sin embargo, otros coches seguían saltándose el semáforo, y entonces Paco miró el color del semáforo para los coches y vio que estaba en rojo para ellos, sin embargo, todos le insultaban como si el lo estuviera haciendo mal. Paco, seguro de si mismo, confiado por estar frente a la comisaría y furioso por todo lo que le había pasado antes, plantó cara a los conductores, y estos comenzaron a bajarse. Entonces, en ese momento, Paco llamó al policía que se encontraba frente a la puerta de la comisaría, sin embargo, la sorpresa de Paco fue doble. Por un lado, al mirar al policía pudo observar como este conversaba con una persona ya mayor que se meaba en la fachada de la comisaría como si no ocurriese nada, y por otro lado, al ver que este no solo no le echaba cuenta, sino que además le instó a que saliera el solito de esa situación, ya que era el mismo el que se había metido.
Tras esto, Paco se quedo inmóvil, al tiempo que los conductores empezaron a golpearle. Tras el segundo golpe en la cabeza Paco cayó al suelo y allí comenzaron a caerle golpes y patadas por todos sitios, la gente se reía e incluso hubo un momento en el que le pareció recibir un golpe con una porra. Tras pocos segundos Paco quedó inconsciente.
Al cabo de unas horas Paco se despertó en la misma puerta de la comisaría. Lo último que recordaba era que se encontraba en el suelo recibiendo golpes. Con un bravo esfuerzo pudo ponerse en pie, y empezó a moverse hacía el policía de la puerta, que permanecía sentado sobre una silla en la puerta de la comisaría, aunque a Paco le dio la impresión de que estaba dormido. Cuando estaba ya junto a él, Paco se percató de que a porra del policía estaba ensangrentada, así como sus botas, y recordó como sintió golpes de porra. Abrumado por la situación, Paco huyo despavorido de la comisaría.
Paco decidió volver a su casa, otra vez, para descansar, le habían hecho un abollado en la cabeza y no se encontraba especialmente bien. Su vuelta le costó mucho, no veía bien, estaba muy mareado, pisaba en lo que él pensaba que era el aire y seguía creyendo ver gente copulando en medio de la calle. Llegó a su casa, se tiró al sofá y encendió la tele en donde estaban dando las noticias. Paco, aun destrozado por los golpes, no tuvo la suficiente capacidad como para cambiar de canal y poner su programa favorito, un programa en donde metían a unos borrachos en un hostal y los ponían a cantar. Mientras tanto, una presentadora de televisión se puso a hablar:
-Tras una corta pero a la vez intensa negociación, Zapatero y Aznar han llegado a un acuerdo con el tema del Trasvase. Aznar ha dicho que cambiará los campos de golf en Murcia por zonas verdes. Mientras, Zapatero ha dicho: “Tenemos que hacer rápidamente el Trasvase, en Murcia se mueren de sed y creo que hemos llegado a un buen punto en común.” Además, Llamazares, un político muy a tener en cuenta en el futuro de la nación, ha dado su opinión que ha sido tomada también en cuenta: “Hay que tener cuidado, el agua que se tienen que llevar no debe ser excesiva o podría perjudicar a los aragoneses. De todas formas ya dijimos que el Trasvase sería temporal mientras que en Murcia se crea el nuevo plan de Ahorro de Agua que, en breve tiempo, hará que los murcianos tengan agua suficiente como para el triple de población”. Y otra de las cosas que quiere hacer el presidente es mejorar la política de inmigración haciendo que...
Paco consiguió apagar la tele y se sentó en el sofá. No se podía creer que los políticos estuviesen de acuerdo y pensaran por el pueblo. Algo estaba ocurriendo aquí y el no se debía de haber enterado. Todo el mundo llevaba un par de días muy extraños… Quizás hubiese habido un Golpe de Estado, pero entonces pensó en que no había visto presencia militar. Entonces pensó en algún tipo de hipnotismo, budú extraño o vegetarianos, algo esotérico. Sí, debía ser eso, vio algo acerca del tema en un programa divulgativo de esos que echan en la televisión de pago. Estaba claro, debía ocurrir algo que a priori pareciese imposible, y en esos momentos llegó a una conclusión:
-Pero coño, la culpa de todo siempre la tienen los extranjeros, son las garrapatas del país. Y si no son ellos seguro que han sido los comunistas, porque esto parece una anarquía en la que todo el mundo hace lo que le da la gana. ¿Para que quiere la gente tanta libertad? Si ya es suficiente con que nos dejen ver revistas guarras. – Entonces, se escuchó a sí mismo y durante un atisbo de tiempo reflexionó lo reflexionado y llegó a una conclusión- ¡Coño! ¡Seguro que ha sido el cabrón del moro! Estos cabrones si no consiguen trabajo se dedican a maldecir a la gente y cosas así. Seguro que me echó una maldición porque quise devolverle la radio. Claro, por eso se escapó el hijo de puta. Me lo voy a cargar.
Perdiendo todo sentido de la razón, Paco se dirigió a la calle General Serrano, lugar en donde vio al marroquí, a ver si seguía con la manta en ese lugar. Ya no le escandalizaba lo que veía: gente robando, prostitutas en las esquinas, asesinos matando en medio de la calle, conductores locos que se ponen a atropellar a la gente de la calle, fornicaciones en público, violaciones y, algo que le llamó sumamente su atención, empresas de eutanasia publicas.
-¿Dónde está el moro? Que me lo cargo.- dijo Paco.
Calma chaval. – Dijo un policía, cuando Paco oyó esto se sorprendió, ¿habría vuelto a la normalidad?- Esta escondido en uno de esos cubos de basura. Toma, te presto mi pistola.
El policía le dio a Paco una de sus pistolas, tenía otra que se guardó, no podía permitirse estar desprotegido. Paco abrió uno de los contenedores de basura, uno de color verde muy demacrado por el paso de garrulos que debieron confundirlo con una barbacoa. Del contenedor salió un hombre de más de sesenta años, con gafas y muchas canas. El policía, asustado por su presencia, dijo:
-¡Oh, no! Es Fernando Savater, una de las personas más peligrosas del país y estaba escondido aquí. – El policía sacó su pistola y lo acribilló.
Paco probó en el otro contenedor, lo abrió y allí estaba, el mismo que le vendió la radio. Paco lo cogió del cuello y lo encañonó con la pistola.
-¿Qué me has hecho, hijo de puta?
-Yo no admito devoluciones.
-¿Qué devoluciones ni que hostias? Devuélveme a mi Estado anterior, devuélveme mi paz y mi tranquilidad. Quiero volver a hacerme pajas pero esta vez sin estar viendo por todos lados que la gente tiene una vida sexual mayor que la mía. Quiero no tener mi vida en riesgo.
-¡Yo no hacer nada! Yo he llevado una vida muy decente vendiendo en mi manta, yo no he dejado de molestar como españoles hacer.
-Pero a mí me has jodido de lo lindo. ¡¡¡DEVUELVEME A MI VIDA!!!
-¡No quiero morir- El marroquí se puso a llorar.
-Quítame esta maldición o te mato te juro que te mato.
Paco disparó y lo mató. La gente de alrededor empezó a aplaudir. Paco, asustado, empezó a pegar tiros a todas las personas que allí había. Había perdido la cabeza. Emulando a uno de sus héroes del videojuego, Max Payne, no dejó títere con cabeza en toda la manzana. Persona que aparecía, persona que mataba. Las bajas fueron consecuentes: tres niños levemente heridos por las balas, un anciano moribundo más moribundo aún por un disparo que le dio en el estomago y un perro acribillado. Ya no le quedaban más balas a Paco, el alter ego de Cobra. Siguió caminando por la calle, con el policía de antes detrás de él, el cual se sentía impresionado por el arrojo de Paco. De repente, apareció un indigente buscando en una papelera cercana. De la papelera sacó una radio. El policía encañonó al indigente:
-¡Manos arriba! –dijo el policía- ¡Suelta eso que tienes en las manos y nadie resultará herido!
El indigente levantó las manos y lanzó la radio a la cabeza de Paco, la cual le dio y se rompió. El indigente, aprovechando ese momento de confusión, se puso a correr, pero el policía le disparó y lo mató.
-¿Qué? –dijo el policía- ¿Lo hago bien?
-Bueno, pero la próxima le disparas directamente, nada de darle la oportunidad de que me lancen cosas a la cabeza.
Paco se puso a mirar la radio tirada en el suelo, le resultaba familiar. Intentó encajar algunas piezas y la reconoció, era la radio que le compró al moro unos días atrás. El policía le dio otra pistola a Paco, al parecer iba muy bien armado, y le dijo:
-Vámonos, todavía quedan 40 millones de personas a las que matar, nos vamos a divertir un rato.
El policía se dio la vuelta dispuesto a seguir con la masacre pero, en ese momento, Paco le pegó un tiro con su nueva pistola, una magnum del 42, en la cabeza. El policía cayó al suelo. Paco siguió observando su radio recién comprada, como si fuese un tesoro redescubierto. La manoseó un rato y la intentó encender de nuevo, pero como aquel día, la radio seguía sin funcionar. Paco, que se encontraba absorto por la situación, estrelló la radio contra el suelo y se largó a su casa, pero antes de que se diera cuenta Paco estaba rodeado de policías que le encañonaban. De repente Paco se dio cuenta de cómo estaba la situación, la gente corría despavorida, gritaban sin cesar que un maniático se había puesto a matar, mientras los policías incitaban a Paco para que este dejará pistola. Y fue entonces cuando Paco se dio cuenta de que había vuelto a la normalidad.
Sus ultimas palabras antes de pegarse un tiro en la cabeza fueron… ¡VIVA ESPAÑA!
FIN
© Copyright, 2003, por Paco Gorzas y Caín Some