LA VENGANZA DE LAS MARUJAS
Clara se levantó aquel lunes como otro cualquiera: de la cama y temprano, y con escasas ganas de hacer algo. Se vistió, llevó a los niños al colegio, desayunó, no todo ello por este orden. Tocaba la colada. Ropa sucia que se amontonaba en pilas y que nadie se ocupaba de introducirla en la lavadora. Bueno, nadie. Ella es Nadie. Pero siempre después de su media hora de culebrón y su media hora de charla telefónica con alguna amiga con tal de ponerse al día. Total, informarse o morir. Empezó a meter la colada: la falda de hace dos semanas, los calcetines rotos del niño, los palominos de su marido con algo de calzoncillo debajo, la camiseta de Polo Arman (hermano de Giorgio) de marca y de costo. Y con olor raro. ¿Desde cuándo usa mi Juan colonia de mujer? Mía no es segura, huele a cara. Y sin pararse ni pensarse, con la pila a medio y la lavadora quieta, Clara se largó al trabajo de su cónyuge, cuchillo en mano y con unas no muy amorosas intenciones. Aunque una sorpresa seguro que se llevará. ¡Sorpresa! ¡Es nuestro aniversario! Doce años ya. Y, mira, mira, mira que puñalada en la espalda más bonita te he regalado. ¿No te gusta? Pues bien que me ha quedado, clavándotela me lo he pasado genial. Y sí, es verdad, desde el parto y las cartucheras ya clavarte cosas blanditas a ti especialmente no da tanto gusto. Un cepillo de dientes desgastado. Que, como tal, te cepillaba y tú me limpiabas la casa y ahora, ambos, sólo servís para limpiar. Aunque tú limpies a gran escala y el cepillo de dientes lo uses para los lugares más pequeños y recónditos. Cogió el coche. Lanzada. ¿Dirección prohibida? ¡Qué más da! Yo lo llamo atajo. Llega al edificio.
-Clara, que alegría verla. ¿Viene a ver a su marido trabajando?
-No exactamente...
Subió. Segundo piso. En algún cubículo estará. Perdone. ¿Sabe dónde trabaja Juan ?Casanova? López, hijo de Paco y de Puta? Sí, ala izquierda frente a la fotocopiadora. Amenazante, entró Clara. Brilla en la luminosidad el cuchillo de cortar.
-¡Cabronazo! ¿Me has vuelto a poner lo cuernos con la guarra de siempre?
-No, esta vez ha sido con una distinta.
-¡Cabrón!
Juan se asustó cosa mala cuando vio el cuchillo jamonero, como mínimo, en manos de su querida chacha y esposa. Su ondear en el viento le producía una grima y terror que ningún otro cubierto le produjo jamás.
-Oye, cariño, te lo puedo explicar.
-¡Te voy a cortar los huevos!
-¡Ah! Uf, menos mal, sólo es eso. Mejor, eso que me ahorro en condones.
-Y después te cortaré el instrumento a tiras para que no vuelva a sonar jamás.
-¿No preferirías darme muerte?
-Entonces no sería divertido.
-Uh.. Creo que no razonas bien, estás muy caliente.
-¡Anda! Como tú cuando te tiraste a esa zorra.
-No es una zorra, es una persona aunque te cueste creerlo.
-¡Basta! ¡No te estás tomando esto en serio!
Sobre el escritorio yacía acostado uno de los dos brazos de Juan con su consiguiente mano que resultó atravesada como si nada por el cuchillo atraviesamanos y pelapatatas de Clara. Un estremecedor grito inquietó a los funcionarios. Nada, otro que se la estaba pelando en algún web porno de internet y que acaba de descubrir que la modelo es el. O alguien al que se le acaba de colgar el Windows sin haber guardado antes un archivo de vial importancia y se han ido al limbo de los archivos sin guardar todos los datos que lo formaban. Por extraño que parezca, estos ambos gritos son demasiado frecuentes en oficinas y en funcionarios, especialmente.
-¡Estás loca!
-¿Por qué?
-¿Por qué? Porque esto no es algo que comúnmente hagan los cuerdos como tú comprenderás.
-No, eso no. ¿Por qué no conmigo y sí con otras? No soy tan vieja.
-deberías de mirarte en un espejo. ?Clara acercó peligrosamente su crecido cuchillo, casi katana de maruja del montón, a la faz de Juan.- No, no, perdón. ¡si te conservas muy bien!
-Estoy pensando en cortarte la lengua para salvarte la vida. Muy bien, porque soy vieja según tú. ¿Sólo eso?
-Y porque eres la madre de mis hijos, porque cuando tengo ganas o bien te duele la cabeza o tienes la regla o estás cansada...
-Y cuando no tienes ganas es porque te has tirado a tu secretaria.
-No tengo secretaria.
-¡Pues la de quien sea!
-Mira, cariño, pero lo de esa es eso, sólo sexo. Una descarguita sin sentimiento ni cariño, sólo para no sentir el peso de los huevos. Pero contigo, contigo tengo, tenemos, algo mucho más bonito. Tenemos amor, o lo que sea. Te quiero a ti, y no hay mujer que me eche unos polvos lo suficientemente mágicos como para hacer cambiar de sentir.
-Tienes razón. ?Clara tiró el cuchillo encima del escritorio.- Lo nuestro es amor aunque lo manifestemos con otros.
-Bueno, mujer, no tiene por qué ser así siempre...
-Estaba demasiado.. caliente, y lo sigo, y sólo hay una cosa que puedo hacer para bajarme la calentura.
Clara cerró el cubículo. Se besaron. Con la mano aún sangrante y agujereada comenzaron a lo suyo.
-¿No te la curas? Se te puede infectar.
-Sí, después de follar. Porque vamos a follar. ¿No?
-Obviamente.
-Entonces sí, después, después.
Clara le bajó la bragueta y le sacó el espetec al aire libre. El ciego disfrutó de una agradable brisa y sol veraniego preinundación salivácea. Clara comenzó el chupe. Maestra de la lengua, famosa garganta profunda en la alcoba matrimonial de su casa, tragó hasta el fondo los no mucho más altos de 0?12 metros de embutido. Y, como se suele hacer con el alimento tras introducirlo en la cavidad bucal, Clara mordió. Con fuerza. Con mucha fuerza. Con la suficiente fuerza como para arrancar una zanahoria del terreno cultivado. Juan estaba partido en dos. Le había arrancado lo más parecido a un corazón que tenía. Ya nadie podría dirigir su orquesta particular, había perdido su batuta. Un grito realmente escalofriante recorrió la zona y los cubículos. Desmayo súbito de Juan. Pobra, a alguien se le ha colgado el ordenador con algo importante abierto y sin guardar mientras se la pelaba viendo fotos de travestis en internet.
-Esta cosa me la guardo, la reciclaré en formal. Es mi trofeo. Y tranquilo. Con el divorcio te voy a arrancar todavía más cosas. ?Clara cogió su cuchillo.- Y esto me lo llevo no sea que hagas alguna barbaridad. Buenos días.
Clara salió de allí, cogió su coche y se largó a su casa. Alguien tenía que hacer la colada. Bueno, alguien. Ella es Alguien.
FIN