Bueno, como ya sabéis Paco y yo nos retamos a chorradas en este Blog. Lo último que me propuso fue que escribiese un texto educativo sobre un tema cualquiera del que supiese. Pues bien, lo haré sobre algo un poco inusual pero que todos conoceremos seguro: los gatos dientes de sable.
Los dientes de sable, hablo de los colmillos en sí, no son nada nuevo. Los primeros animales en tener esta adaptación fueron los Terápsidos, un grupo de reptiles con características de mamífero que vivieron a finales del Pérmico (hace unos 250 millones de años). Entre estos animales encontramos al Lycaenops, un temible cazador.
La adaptación de estos animales se basa en lo siguiente: patas cortas, gran musculatura y, obviamente, los largos caninos que les dan su nombre. Eran más lentos que los actuales grandes felinos, pero también más fuertes y pesados.
A principios del Cenozoico (la era de los mamíferos) los primeros carnívoros eran bastante distintos de los actuales. Existieron los Mesonychidos, carnívoros con pezuña, y los Creodontes, el primer gran grupo con gran variedad de especies, pero cuidado, no son los antepasados de nuestros carnívoros de hoy día. Existieron algunos Creodontes con dientes de sable, como Hyaenodon, pero esto es un tema aparte.
Los antepasados más antiguos de los gatos son los llamados Miácidos. Estos animalitos se parecían a las actuales jinetas y mangostas. En el Eoceno evolucionaron primero a la especie Proailurus, y luego a Pseudaelurus. De esta especie derivarían dos ramas: los félidos actuales y los machairodontes (dientes de sable).
Paralelos a esta ramificación, evolucionaron los nimrávidos. Mucho más antiguos que los gatos, pero con gran similitud en sus formas, poseían evidentes diferencias óseas que los dejan en un grupo aparte.
Estos gatos tenían tamaños pequeños-medianos, aunque casualmente el mayor “gato” dientes de sable fue un nimrávido, el Barbourofelis; este enorme animal pudo haber medido hasta 4 metros de largo y pesar más de 350 kilos; también fue de los últimos nimrávidos en andar sobre la tierra, desapareciendo hace 5 millones de años.
Una característica curiosa de los nimrávidos es que poseían un hueso en la mandíbula inferior a modo de “molde” donde encajaban los largos dientes de sable, de los cuales hay que apuntar que eran relativamente más largos en los nimrávidos que en los machairodontes.
Los machairodontes eran, como he dicho más arriba, gatos auténticos, aunque separados notablemente de los demás felinos (los que aún existen en nuestros días). Es decir, que ni son tigres, ni leones, ni gatos. Pertenecieron a una subfamilia distinta.
Antaño eran cazadores corrientes, pues habitaron en todos los continentes excepto Australia y la Antártida; en España tuvimos varias especies, entre ellos el Machairodus Giganteus y la especie europea de Dinofelis.
Sus diferencias con los grandes felinos (leones, tigres, jaguares y leopardos) eran bastante evidentes. Como decía al principio, sus patas son más cortas, pero más musculosas; fueron más lentos y pesados, pero su método de caza era distinto al de los actuales felinos. Estos animales debían emboscarse y lanzarse directamente a por grandes presas, a las cuales debían derribar o sujetar con fuerza para, acto seguido, seccionarles las yugulares de un potente golpe con sus largos caninos. La víctima moriría al no tener riego sanguíneo en el cerebro, como es lógico.
Las especies de machairodontes tenían tamaños que iban desde el de una pantera, como el Megaentereon, hasta el de un tigre siberiano, como Smilodon, el más grande y temible de la familia, y también el más famoso. Otra especie curiosa fue Homotherium, que tenía las patas traseras algo más cortas que las delanteras, algo así como las hienas.
Estos gatos desaparecieron a finales de la edad de hielo, debido a que también los mamíferos herbívoros gigantes habían desaparecido. Al no existir estas presas, unos animales tan adaptados a cazarlos como fueron los dientes de sable, sucumbieron, dejando su lugar a los grandes felinos actuales.
Existieron otros mamíferos dientes de sable muy parecidos a estos gatos. En Sudamérica habitó el Thylacosmilus, un marsupial muy similar en aspecto a un felino, del tamaño aproximado de un leopardo. Sus dientes medían más de 15cm., confiriéndole un aspecto terrible. En Australia vivía Thylacoleo, un marsupial también de rasgos similares a los gatos que puede presumir de ser el mamífero carnívoro más adaptado de todos los tiempos. En este animal los dientes de sable no eran los caninos, sino los incisivos; poseía además una garra enorme en cada pata delantera (algo así como la famosa garra de los Velociraptor) y sus muelas carniceras son las más grandes jamás vistas en un mamífero carnívoro. Y todo esto en un animal de tan sólo 1,20m., aunque desde luego sus presas le triplicarían en peso y tamaño.
Los gatos actuales más grandes son el tigre siberiano, de hasta 3,50m. y 350kg de peso, y el león africano, de hasta 2,80m. y 250kg., emparejándose en tamaño con el tigre de Bengala, la segunda subespecie más grande. Aún así no son los más grandes. En la última edad de hielo vivió en América Panthera Leo Atrox, el león americano (no confundir este nombre con el que se le da al puma actual), un 20% más grande que el león actual, es decir, seria tan grande como un tigre siberiano actual. En Europa vivió, hasta hace 10.000 años – aunque consta que sobrevivió hasta hace tan sólo 2.000 en los Balcanes – el león europeo de las cavernas (Panthera Leo Spelaea), un animal enorme, el más grande de todos los gatos, superando en tamaño al tigre siberiano. Como curiosidad, decir que este león era algo distinto a los actuales: los machos no tenían melena, no vivían en grandes grupos familiares y tenían la piel ligeramente manchada, algo así como los cachorros de león actual.
Sin duda fueron todos animales fascinantes, como lo son nuestros grandes gatos de hoy día. Animales que debemos poner todo nuestro empeño en conservar, pues son auténticas joyas de la naturaleza.
Espero que os haya gustado. Paco… ¿pasé el reto?