Ya no saben qué inventar ni qué decir, se les agotan las ideas a los queridos periodistas que tienen las ideas más agotadas que las pilas de la competencia de Duracell. ¿Pues no va ahora uno y dice que el asesinado y mítico
Jhon Lennon fue gay, al menos, en lo que en vida respecta? Porque claro, ahora como muerto ya no se sabe a lo que le da, no tenemos noticias del más allá. Seguro que a alguna aberración como la necrofilia pero bueno, se le perdona porque es como aberran todos los que ya no están aquí.
El caso es que estamos ante una de esas noticias sin fundamento, ni objetividad ni nada que salen a la luz cuando la persona a la que se le refiere la novedad lleva bajo tierra un buen puñado de años. Ya le pasó a Hitler y a Mussolini, y a los periodistas se les perdonó el señalo homo debido a lo mal que caían ambos dictadores fascistoides (y añádase lo fehaciente del señalo, pues bien sabido es que ambos señores le dieron por culo a todo aquel que se interpuso en sus respectivos caminos). ¡Ay! Noticias sin coherencia ni necesidad que sirven para rellenar páginas de periódico y justificar un sueldo periodístico injustificablemente justificado. ¿Qué vendrá ahora?¿Que Elvis Presley también era gay?¿Que su mítico movimiento de pelvis se daba a que petardeaba por atrás? Es que me lo imagino.
ENTREVISTADOR: Bueno, Elvis, explíquenos, los fans quieren saber. ¿Cómo inventó ese movimiento de caderas tan suyo?
ELVIS PRESLEY: Bueh, fue fácil, verá. La noche antes del concierto en el que lo usé por primera vez, fue la noche en la que me desvirgaron, también por primera vez, analmente. Digamos, que al día siguiente iba con un dolor de culo que no me podía sentar siquiera. Estuve a punto de anular el concierto. Y mira, entonces descubrí que, realizando ese ridículo movimiento de caderas, podía mitigar levemente, aunque lo suficiente como para estar dispuesto a actuar, ese dolor punzante. Fijate, nunca pensé que un movimiento de tan automitigador del dolor llegase a convertirse en un movimiento tan famoso.
En fin, señores, por suerte o por desgracia (o por indiferencia, más que nada) noticias como estas no consiguen desmitificarnos nuestros mitos. Que sigan como están. Nos dan igual sus aventuras amorosas, al fin y al cabo lo que perdure de ellos siempre será su arte.