Dicen que toda moda vuelve. Volvió la minifalda, el pantalón campana… los 60, los 70, los 80… y el siglo XIV.
En nuestros días, en los que es natural ver vídeos en un teléfono móvil, en los que existen laboratorios de ingeniería genética o nos trasladamos a miles de kilómetros en tan sólo unas horas a bordo de aviones supersónicos, parece ser que el futuro esta aquí. No se parece quizás al de las películas, con trajes de papel de Albal o coches voladores, pero qué se le va a hacer; al fin y al cabo, hemos avanzado.
Hago este prólogo para comentar algo que me tiene inquieto estos días. Ya sabéis lo aficionado que soy a la religión, o sea, a meterme con ella. Lo pudisteis ver en "
Yo, el hereje” (de hecho este artículo se podría considerar una segunda parte).
En el país ese americano tan grande, Estados Unidos, donde todos están locos, se ha puesto de moda el Creacionismo. Para quien no sepa que és, se resume fácil: es el dogma que apoya la creación divina como único y auténtico modo de explicar como surgió la vida en La Tierra.
Y te lo discuten como si fuese una disciplina científica, oye. Pretenden hacerte ver que la evolución que en su día propuso Darwin es una mentira, que no existe. Ahora proponen el
Diseño Inteligente, una especie de nueva teoría de la Creación que sostiene que el hombre y la vida en nuestro planeta son debidos a la acción de agentes inteligentes, no hay casualidades y si las hubo no fueron tal, sino
acciones divinas. Vamos, un rollo patatero para querer darle al Génesis un toque científico. Nada más lejos, pues ha sido rechazado por la comunidad científica, y su enseñanza, declarada anticonstitucional.
Aún así, las cifras son alarmantes. El 60% de ese país dice ser creacionista. Incluso tienen previsto abrir un museo creacionista al año que viene. Con citas como “Noé transportó a los dinosaurios en su arca, pero poco después murieron, o no, quién sabe si aun viven en las selvas profundas”, esto promete.
En un país con exactamente 230 años de historia es normal que, por nostalgia, quieran tener su Edad Media, ya que no la tuvieron como tal, pues en aquellos siglos el territorio estaba habitado únicamente por nativos americanos. Así pues, nos encontramos con el poder de la Iglesia (en algunos estados piensa suprimirse el estudio de la Evolución en la escuela e implantar el Creacionismo), con caballeros andantes armados de recortadas (las espadas de mandoble del siglo XXI) y un rey todopoderoso agitador de la guerra, Bush, quien mantiene su particular cruzada contra el Islam.
Y es que, amigos míos, estoy convencido de que la iglesia está preparando nuevas estrategias para recuperar el sitio que ocupaba en el pasado. Nosotros, jóvenes paganos que solo admiramos al dios de las modas, ya no vemos en el cristianismo un refugio a nuestros problemas. Unas monjas dominicas de Barcelona han hecho algo para paliar este problema. Ni más ni menos que un consultorio juvenil donde estas hermanitas contestan a los problemas habituales de la juventud. Según ellas responden a miles de mails; o nos mienten para aparentar éxito, o realmente la juventud se esta hundiendo…
Pero eso no es todo, aparte de hacer de consultorio, comentan lo bonito que es ser monja, y declaran abiertamente que su deseo es reclutar nuevas vocaciones. Sí, sí: esperar que jovencitas de hoy día se embarquen en el fascinante mundo del convento. Castidad, amor a Jesucristo y abandono total de la depilación. ¡¡Join us!!
Todavía hoy día el Vaticano y las más altas instituciones religiosas de Occidente cuestionan temas tan populares como es la sexualidad. ¿Qué tienen que decir ellos de ese tema, si no lo practican? (¡en teoría eh!) Es como poner a un vampiro a hablar de las propiedades nutritivas del ajo.
Pero, es que, nosotros todavía nos resistimos a deshacernos de estas costumbres ancestrales. Todavía recurrimos a la iglesia para hacer actos tan tradicionales como bautizos, comuniones y bodas. En especial las dos últimas para mí representan el acto de chulería más grande del mundo actual. En teoría se supone que son actos religiosos, pero en realidad son actos de aparentar. Banquetes carísimos, ropa carísima (¡para un día!), regalos… ¿de veras al niño vestido de marinerito le importa tener un vínculo con Cristo? ¿Merece que pierda todas esas horas de su infancia con el catecismo?
Y ¿para qué se casan el Roberto y la Mari Cruz por la iglesia si nunca han ido a misa? ¿Para quedar bien con los padres? En resumen, ¿para qué se unen bajo la mirada de Dios si es en éste en el primero que se cagan siempre?
Hala, iros a pensar a vuestro rincón sobre lo que he dicho, podéis elegir entre llamarme agitador o aplicarme alguna medida inquisitoria.